Malditas despedidas,
me están volviendo viejo...
Esta canción, por su letra en general, no tiene nada que ver conmigo ahora mismo (aparte de esa parte que dice más allá del bien y del mal te quiero), pero sí me quedo con esas dos líneas que he puesto más arriba.
Cada lugar y cada persona de la que nos despedimos es como una etapa que cerramos. Y hacerse viejo es ir cerrando una etapa tras otra, una tras otra. Ir dejando personas atrás, vivencias y lugares. Y yo hoy he cerrado una etapa de mi vida y la que ha sido hasta ahora mi experiencia laboral más larga.
Llevo las despedidas muy muy mal. Si estos días he estado rara, he dejado de responder comentarios, me he pasado menos por vuestros blogs... ha sido porque el final se acercaba y me sentía triste y bastante asustada. Y ahora que todo ha pasado ¿cómo estoy? Pues no sé, me siento vacía... sé que ya no llegaré todos los días a la puerta de cristal que pone el nombre de la empresa, que a los 3 minutos encenderé mi ordenador e introduciré mis claves. Ya no accederé a esas carpetas del departamento que conocía tan bien, ya no abriré el Outlook medio dormida a ver qué hay. No daré los buenos días a los más madrugadores, ni iré con mis amigas todos los días a tomar el café a las 10:30 y 15:30. Ya no nos contaremos qué tal el fin de semana o hablaremos de nuestras cosas en el comedor. Ni prepararemos café en la gran cafetera. Ya no desearé a todos fin de semana los viernes. Se acabó. Así que poco a poco espero recuperar la normalidad.
Como comenté en esta otra entrada, en esta empresa mi puesto nunca estuvo asegurado, más bien todo lo contrario, y aún así, he durado algo menos de 2 años, un tiempo considerable. Y bueno, me ha dado mucha pena irme, además de perder el trabajo.
Suelo llevar fatal las despedidas, pero sólo lloro en las que por un motivo u otro lo paso mal. Y hoy no quería llorar a pesar de todo, y de toda la pena que me daba irme. Así que en vez de despedirme al final de la mañana, me despedí y hablé con la gente a primera hora, de paso que les informaba que había pastas en mi mesa. Y pasé bien toda la mañana, la gente estaba contenta porque muchos se van de vacaciones, trabajé más bien poco, estuve preparando el mail de despedida y aguanté como una jabata hasta la una y media, hora de salir.
Pero entonces mi compañera dijo... es que llevo fatal lo de las despedidas, siempre lloro, y lo decía con los ojos húmedos. Así que no me hizo falta más, ya empezaron a salirme lagrimones.
Prueba no superada.
Como ya se había ido mucha gente, la cosa no fue tan grave. Así que envié el mail de despedida a toda la central de Barcelona (bastante emotivo, por cierto), apagué mi ordenador y empecé a despedirme más en serio.Y a intentar secarme las lágrimas, mientras me iba de forma más o menos apresurada.
Así que ya está. C'est fini. Y este es el séptimo trabajo del que me despido. Ha habido en estos siete: bajas voluntarias, quiebras de empresas, finalizaciones de contrato vulgares y corrientes e incluso huidas apresuradas durante el periodo de prueba.
Lo bueno es que tengo trabajo para el mes de agosto (me enteré ayer), algo que me mantendrá ocupada mientras todo el mundo menos Carlos y yo (y mucha gente más, claro, aunque nadie lo diría si hacemos caso a los telediarios) está de vacaciones. No estoy descontenta, no tendré que ir al INEM de momento y la empresa parece que está bien, a diez minutos de casa y termino todos los días a las dos de la tarde. Así que sí, un poco triste por lo que dejo atrás, sin vacaciones pero bastante contenta y con ganas de entrar en un sitio nuevo. Espero que a nivel personal sea tan gratificante como este. Esperaré a tener un trabajo estable para que también sea gratificante a nivel profesional.
Mientras, seguiré siendo una mercenaria de oficina.


















































